Historia del Aloe Vera
En el antiguo Egipto, era de uso frecuente. Cleopatra lo usaba como ingrediente esencial en sus curas diarias.
Los sacerdotes egipcios, aunque con otros
fines, tambien recurrían a esta planta. Denominada por ellos como Planta de la
inmortalidad, les servia para preparar los productos de embalsamiento que se
empleaban en los rituales de enterramiento de los faraones y de los grandes
señores.

Los primeros que lo transformaron en extracto comercial fueron los árabes, y fueron también ellos los que extendieron el uso del Aloe en polvo.
Para extraer la pulpa y la savia del Aloe los arabes pisaban las hojas dentro de unas tijanas o las machacaban en prensas de madera. Una vez extraidas, se ponían al sol sobre pieles de cabra para que se secaran, y más tarde se convertían en polvo que se utilizaba como laxante en uso interno, y para heridas y contusiones en uso extremo.

Los primeros que lo transformaron en extracto comercial fueron los árabes, y fueron también ellos los que extendieron el uso del Aloe en polvo.
Para extraer la pulpa y la savia del Aloe los arabes pisaban las hojas dentro de unas tijanas o las machacaban en prensas de madera. Una vez extraidas, se ponían al sol sobre pieles de cabra para que se secaran, y más tarde se convertían en polvo que se utilizaba como laxante en uso interno, y para heridas y contusiones en uso extremo.
Los Españoles llevaron el Áloe al continente Americano durante su conquista. En
España, a lo largo de la ribera del Mediterráneo, el Áloe era el elemento
esencial de la medicina popular, hasta que su uso generalizado en la farmacia
moderna.
Lo dejo en el olvido con la mayoría de plantas medicinales (Hoy en
día, conocemos personas grandes, que nos explican, como sus padres lo cultivaban
para usar sus virtudes medicinales).
Los Aloes de España, proceden del continente Africano. Si bien es cierto, que se a conservado su uso casero a lo largo de las generaciones y de la cultura de los pueblos, no es hasta el fin de la IIª Guerra mundial, que redescubrimos el poder terapéutico de el Áloe, al comprobar que los habitantes de Hiroshima y Nagasaki, los cuales padecieron quemadas, después de un tratamiento con Áloe, se curaban mas rápidamente y en muchos casos, sin señales ni cicatrices.
Los Aloes de España, proceden del continente Africano. Si bien es cierto, que se a conservado su uso casero a lo largo de las generaciones y de la cultura de los pueblos, no es hasta el fin de la IIª Guerra mundial, que redescubrimos el poder terapéutico de el Áloe, al comprobar que los habitantes de Hiroshima y Nagasaki, los cuales padecieron quemadas, después de un tratamiento con Áloe, se curaban mas rápidamente y en muchos casos, sin señales ni cicatrices.
Durante la Segunda Guerra Mundial
se redescubrió el valor terapéutico del aloe y ha sido en nuestros días cuando
sus propiedades se han probado clínicamente.
Curiosamente, el primer logro del
aloe en su reconocimiento médico se produjo cuando aparecieron los primeros
aparatos de rayos X. Gracias a las investigaciones llevadas a cabo por el doctor
Collins y su hijo a partir de 1934 se comprobó la extraordinaria eficacia de
esta planta para curar las quemaduras que, al principio, los rayos x producían a
pacientes y médicos. A partir de estas investigaciones, que se prolongaron
durante 20 años, el aloe recobró su popularidad y se recuperaron muchas de las
aplicaciones perdidas durante la Edad Media y el Renacimiento, diversos
estudios, principalmente en Estados Unidos y la antigua URSS demostraron las
propiedades curativas del aloe en dolencias tales como úlceras, eczemas,
quemaduras y un amplio espectro de enfermedades cutáneas. En 1964 Salisbury y
Lorezzeti demostraron que el aloe inhibía la acción de algunas bacterias, como
la salmonena o el estafilococo, causantes entre otras afecciones de los
forúnculos o la fiebre tifoidea.
En la década de los sesenta varios
médicos americanos demostraron que el aloe inhibía el desarrollo de gran
variedad de microbios causantes de diversos tipos de infecciones; en Japón se
demostraron sus propiedades antiinflamatorias y en 1970 el farmacéutico Bill
Coats consiguió separar la aloína de la corteza y estabilizar el gel tomado de
la hoja añadiendole vitamina C (ácido ascórbico), vitamina E (tocoferol) y
sorbitol, lo que masificó el uso del aloe y creo una industria asociada a esta
planta.
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